Fundar en la terraza alta de Lonco o en la planicie aluvial de Manquimávida son dos desafíos completamente distintos. Chiguayante, con más de 85.000 habitantes, se extiende longitudinalmente entre el río Bío Bío y la Cordillera de la Costa, lo que genera una variabilidad geotécnica enorme en pocos kilómetros. No es lo mismo un suelo granular denso de origen fluvial que un depósito fino saturado en zonas bajas. Nuestro estudio de mecánica de suelos entrega la caracterización precisa que el cálculo estructural necesita. La respuesta sísmica, la capacidad de soporte y el potencial de asentamiento cambian drásticamente entre sectores. Por eso, cada campaña parte con un modelo geológico conceptual antes de definir la densidad de sondajes. Para perfiles arenosos profundos, complementamos con ensayo CPT cuando se requiere una estratigrafía continua sin alteración de muestras.
La variabilidad lateral en Chiguayante es crítica: en 20 metros se pasa de grava arenosa densa a limo blando saturado. Sin ensayos triaxiales, el modelo geotécnico es una apuesta.
