La batería de tamices de 8 pulgadas de diámetro, montada sobre el agitador mecánico Ro-Tap, opera a 220 voltios en nuestro laboratorio móvil cuando atendemos proyectos en la ribera norte del Biobío. El hidrómetro 152H, calibrado a 20 grados Celsius, requiere un control estricto de temperatura durante los ensayos de sedimentación que realizamos para las arcillas limosas de Chiguayante. Esta combinación instrumental permite trazar la curva granulométrica completa desde las gravas finas hasta las partículas coloidales que definen el comportamiento plástico de los suelos locales. Los sedimentos fluviales del Cuaternario que predominan en la comuna, depositados por la dinámica del río Biobío, presentan una heterogeneidad que exige este enfoque dual. Para proyectos de edificación en altura sobre la terraza fluvial, complementamos la clasificación con un ensayo de penetración estándar que correlaciona la granulometría con la resistencia a la penetración en los estratos arenosos.
La curva granulométrica no es un trámite: en Chiguayante define si el suelo drena o retiene agua durante un sismo.
