El crecimiento de Chiguayante, consolidado sobre las terrazas fluviales del río Biobío, trajo consigo un desafío técnico ineludible. La variabilidad de los depósitos sedimentarios, desde arenas limosas hasta bolsones de arcilla orgánica, obliga a ir más allá de la norma genérica. Un error común en los años 90 fue asumir un comportamiento sísmico homogéneo en toda la comuna, lo que derivó en asentamientos diferenciales en conjuntos habitacionales de la ribera norte. Hoy sabemos que el dato del suelo de fundación es la primera línea de defensa patrimonial. Nuestro laboratorio, acreditado bajo ISO 17025, ejecuta la microzonificación sísmica integrando métodos geofísicos como el ensayo MASW para perfiles de velocidad de onda de corte y ensayos de refracción sísmica que delimitan la profundidad del basamento rocoso, parámetros críticos que la NCh433.Of1996 Mod.2009 exige para clasificar el sitio.
Clasificar el suelo en Chiguayante sin un perfil de Vs30 es como navegar el Biobío sin carta de mareas: se puede, pero el riesgo es invisible.
