La planicie aluvial del río Biobío define el subsuelo de Chiguayante, una ciudad con 85.000 habitantes asentada sobre depósitos fluviales que alternan estratos de arena limosa con bolsones de grava. La respuesta sísmica de estos materiales ante un evento subductivo —como el terremoto del 27F que alcanzó una aceleración de 0.58g en la estación del Cerro Caracol— obliga a replantear las soluciones de cimentación convencionales. Diseñar un sistema de aislación sísmica de base implica instalar una interfaz de baja rigidez horizontal entre la superestructura y la subestructura. Esto desacopla el movimiento del suelo y reduce las fuerzas inerciales transmitidas al edificio. El diseño parte de un espectro de amenaza específico ajustado al suelo tipo D o E predominante en la comuna, complementado con un ensayo de penetración CPT que aporta la estratigrafía de detalle que exige el modelo de aisladores.
Un correcto diseño de aislación sísmica de base reduce las aceleraciones de piso entre un 40% y un 70% respecto de una estructura de base fija en suelos blandos como los del valle del Biobío.
