Los suelos de la zona urbana de Chiguayante, asentados sobre la llanura aluvial del río Biobío y flanqueados por terrazas de origen fluviovolcánico, presentan una heterogeneidad que exige un control riguroso de compactación. En esta comuna, donde la napa freática puede encontrarse a menos de 4 metros de profundidad en sectores como Lonco y Manquimávida, la humedad natural del terreno interfiere directamente con la trabajabilidad del material de relleno. El ensayo Proctor (Normal o Modificado) bajo NCh1534 determina la relación entre el contenido de agua y el peso unitario seco, estableciendo la curva de compactación que define la densidad máxima seca y la humedad óptima del suelo. Para proyectos de pavimentación en calles con subrasante limo-arcillosa, este parámetro resulta indispensable antes de especificar el grado de compactación en obra. Complementamos este análisis con los límites de Atterberg cuando la fracción fina supera el 35%, dato frecuente en los estratos superficiales de Chiguayante.
Un desfase del 2% en la humedad óptima puede reducir la densidad seca en obra hasta un 10%, comprometiendo la capacidad de soporte del relleno en zonas sísmicas como Chiguayante.
